MENTEAZUL · HUMANOS DEL OCÉANO · Nº 01

La mar que sostuvo mi infancia

Henry Espinoza creció en Lobitos aprendiendo que el océano no era solo paisaje: era madre, refugio, memoria y camino.

Por Marcelo Muñoz · Lobitos, Perú · 8 min de lectura
DESLIZA

En mi familia, por respeto y tradición, no le decimos el mar. Le decimos la mar. Y se le respeta como a una madre.

— Henry Espinoza

Cuando cierro los ojos y vuelvo a mi primera memoria con ella, me veo muy niño, de unos siete u ocho años, corriendo de un lado a otro en la playa con el corazón brillando de alegría. Detrás de mí estaba la choza de mi familia, plantada en la orilla. Estaban mi madre, mis hermanos, mi padre, mi burrito y mis perros. Mi cuerpo estaba absolutamente lleno de alegría.

Henry niño con su madre
Henry junto a su madre. Lobitos, Perú.
01

La choza, la orilla, la alegría

Este recuerdo siempre vuelve cuando pienso en cómo inició mi pasión por la mar. Hoy lo siento con una profunda melancolía, pero también con mucho orgullo y agradecimiento por todo lo que ese momento ha traído a mi vida. No era solo una imagen de infancia. Era una forma de pertenecer. La playa era casa. La orilla era familia. La mar estaba ahí, como una presencia antigua, sosteniendo todo.

Desde muy niño aprendí que la mar no era solamente un lugar. La mar sostuvo a nuestra familia. Vi a mi padre y a mi madre tenerle un respeto inmenso, pero nunca los vi huyendo de ella. Vi a mi padre aprender a pescar en su orilla. Vi a mis hermanos y a mí mismo venciendo nuestros miedos, poco a poco, influenciando nuestros destinos.

Puedo decir que siempre dejé que la mar me mostrara el camino.

Henry Espinoza
Izquierdas perfectas · Lobitos, Perú

Mi cuerpo estaba absolutamente lleno de alegría. Este recuerdo siempre vuelve cuando pienso en cómo inició mi pasión por la mar.

— Henry Espinoza, Lobitos
Las olas de Lobitos

Las olas de Lobitos, Perú. El mar que formó a Henry.

"Puedo decir que siempre dejé que la mar me mostrara el camino. Y nunca me equivoqué."

— Henry Espinoza
Henry surfeando en Lobitos

Henry surfeando en su Lobitos querido, en la mar.

02

Alejarme de lo que más amaba

Recuerdo el día que decidí ir a estudiar mi secundaria lejos de mi pueblo. Le agradecí a la mar y sentí cómo esa energía dentro de mí incrementaba.

He tenido muchos momentos importantes en mi vida. Una vida simple. En muchos de ellos he buscado al océano para contarle y agradecerle.

La decisión de ir a estudiar fuera de mi pueblo la tomé para alejarme un poco del 'vicio' del surf. Para ese momento, surfear las olas ya era mi pasión. Es loco pensar que decidía alejarme de lo que más me gustaba, llevando dentro de mí la idea de salir adelante, de estudiar y, algún día, ser un maestro en la escuela.

Eso soñaba con ser.

"Busqué al océano para contarle mis penas. Y él, sin decir nada, me devolvió entero."

— Henry Espinoza
03

Llorar sobre la tabla

Muchas veces he llegado roto a la mar.

La vida está llena de pequeñas pérdidas y algunas muy grandes. Me tocó buscarla días después de que mi madre falleciera. Llevaba el corazón destrozado por semanas y ningún abrazo pudo consolar mi dolor.

Entonces lloré sentado sobre mi tabla en la mar.

Dentro de mí, mi alma gritaba buscando respuestas. Cerré los ojos y busqué a mi madre. La encontré en la playa, la misma playa en la que estaba sentado.

De repente regresé a mí mismo y, con una profunda respiración, pedí guardar ese momento para siempre. La mar, como madre lobiteña, me sostuvo. Fue ella quien, sin decir nada, solo aceptó mi pedido. Guardó en sus aguas los mejores recuerdos de mi niñez junto a mi madre y toda mi familia.

La madre de Henry
HENRY ESPINOZA

Volví al agua con el corazón roto. La mar no preguntó nada. Solo me sostuvo.

LO QUE DICE LA MENTE AZUL

Hay momentos en que el cuerpo no necesita una explicación, sino un lugar donde volver a respirar. Para Henry, la mar ha sido ese espacio: un territorio donde el dolor no desaparece, pero encuentra movimiento. En esa inmersión, el sistema nervioso parece recordar algo antiguo: pertenezco, puedo flotar, puedo seguir.

04

La ola que ahora se llama WAVES Lobitos

Cuando veo la mar, veo un recipiente enorme de energía capaz de adaptarse a mis emociones. Capaz de dejarme hundirme en ella, en mis penas, en mis desafíos, en mis más grandes alegrías, para luego llevarme a flote sobre la ola que espero nunca termine.

Tuve la suerte de que la mar me llevara hasta Waves, la ONG que hoy, con cariño, dirijo junto a uno de mis amigos del barrio. Sigo creyendo en ella. Y ahora más que nunca, con la oportunidad en la que se ha convertido para todo mi pueblo.

Tanto me ha dado la mar que es muy probable que quede corto lo que yo pueda hacer para devolvérselo. Pero sí creo que debo esforzarme por compartir mi pasión por ella, por inculcar en otros el amor y el cuidado, y por encaminar el presente a lograr la sostenibilidad de esta como uno de nuestros mejores recursos.

Quizás por eso Henry no habla del océano como quien habla de un paisaje. Habla de la mar como se habla de una madre, de una escuela, de una memoria que no se borra.

La ola no terminó. Solo cambió de forma.

Ahora sigue avanzando en Lobitos, en quienes entran al agua, en quienes aprenden a respetarla.

Álbum

La mar en imágenes

Fotografías de archivo · Henry Espinoza y Waves Lobitos · Lobitos, Perú

Esta es la primera historia de Humanos del Océano

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