El neurocientífico Wallace J. Nichols lleva 20 años documentando algo que todos hemos sentido pero pocos hemos podido explicar: la proximidad al agua transforma la química de nuestro cerebro.
La presencia del agua no sólo calma; modifica la química de nuestro cerebro, haciendo que la mente se reorganice en un entorno más atento y menos amenazado.